ANÁLISIS CRIMINOLÓGICO DEL CASO ORO DURO.

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LA IMPORTANCIA DE IDENTIFICAR LOS ESLABONES DEL CRIMEN

Desde una perspectiva estrictamente criminológica, cuando analizamos un hecho criminal de la naturaleza del denominado caso Oro Duro, no debemos limitar el estudio a la persona que materialmente ejecutó una determinada conducta. El verdadero análisis criminológico exige reconstruir la cadena criminal completa: quién planificó, quién coordinó, quién facilitó, quién transportó, quién ocultó, quién ejecutó y quién pudo haber intervenido posteriormente para procurar impunidad.

El artículo 92 del Código Penal Dominicano resulta particularmente importante cuando el homicidio tiene determinadas circunstancias agravantes. Entre ellas se encuentra el supuesto en que el homicidio tenga por objeto preparar o facilitar otra infracción, favorecer la fuga o asegurar la impunidad de sus autores. En esos casos, la ley lo configura como homicidio agravado.

Por eso, desde la criminología, la pregunta fundamental no es solamente:

¿Quién disparó o quién ejecutó materialmente el hecho?

La pregunta debe ser mucho más amplia:

¿Quiénes hicieron posible que el hecho ocurriera?

Aquí aparece el concepto de eslabones criminales. Un crimen organizado o previamente estructurado puede presentar diferentes niveles de intervención. Puede existir un nivel intelectual o de planificación; un nivel de coordinación; personas encargadas de logística, transporte o comunicaciones; ejecutores materiales; y posteriormente personas destinadas a ocultar evidencias, movilizar recursos o facilitar la evasión.

Esto no significa que toda persona vinculada periféricamente a un hecho sea automáticamente responsable penalmente. La criminología reconstruye la dinámica del delito, mientras que el Derecho Penal exige determinar, para cada individuo, qué conducta realizó, con qué conocimiento, con qué voluntad y cuál fue su relación concreta con la infracción.

Por eso resulta esencial separar tres cuestiones:

Primero: la presencia física en una escena.

Segundo: la colaboración consciente con el hecho.

Tercero: la existencia de un acuerdo o intervención destinada a facilitar la ejecución, asegurar el resultado o garantizar la impunidad.

En el caso que estamos analizando, cualquier persona que aparezca vinculada debe ser estudiada dentro de esa estructura, pero sin convertir una hipótesis criminológica en una declaración de culpabilidad.

Como criminólogo y jurista, mi planteamiento sería entonces:

No estudiemos solamente al ejecutor; estudiemos la arquitectura del crimen.

Porque detrás de un hecho criminal complejo puede existir una secuencia de decisiones, contactos, recursos y actuaciones que permiten comprender quién tuvo dominio del hecho, quién colaboró y quién simplemente apareció circunstancialmente.

La investigación criminal moderna debe desmontar esa estructura eslabón por eslabón, contrastando testimonios, comunicaciones, movimientos, dinero, vehículos, cámaras, geolocalización, evidencia física y cualquier otro elemento objetivo.

Y solamente después de reconstruir esa cadena podrá establecerse jurídicamente la responsabilidad individual de cada persona.

Ese es precisamente el aporte de la criminología: pasar de la simple identificación del presunto ejecutor a la reconstrucción científica de la dinámica completa del crimen.


Joaquincito Bocio Familia

Abogado Criminólogo-Investigador


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